domingo, 21 de octubre de 2012

¿Qué pasa cuándo decimos "muy bien"?


Libro de Arno Stern
      Hace unos años tuve la suerte de realizar un curso de "Educación Creadora" con José Miguel Castro sobre el desarrollo de la capacidad creadora en espacios libres de modelos, comparaciones o juicios. Él parte de los estudios e investigaciones realizadas por Arno Stern para demostrar que todas las personas tenemos una capacidad creadora (en todos los sentidos y ámbitos) de la que disfrutaremos siempre que no sea inhibida. El trabajo hecho por Stern es maravilloso y os animo a que echéis un vistazo aquí o leáis su libro (1)  pero no voy a entrar en ello yo ahora porque quiero hablaros de aquel fin de semana en el que José Miguel provocó en muchos de los asistentes dudas, contradicciones y cuestiones que tuvimos que discutir, entender, reposar y colocar en nuestra relación con la educación. ¿Por qué hablar de esto ahora? Porque en realidad ese curso fue el comienzo de lo que estoy experimentando ahora y de lo que he visto en el sistema de Sudbury Valley. 
     Josemi nos habló del taller de pintura que abrió en Bilbao inspirado por el trabajo de Arno Stern. Las sesiones de pintura reciben a participantes de todas las edades, se pinta de pie, con el papel en la pared y una paleta de colores en el centro de la sala, que todos comparten. Cada cual coge el pincel del color que desee y pinta sobre su lienzo, juega sobre el papel sin importar la técnica ni cómo sea realmente el resultado porque lo que importa es el disfrute. El acompañante, en este caso él, tiene una relación de asistencia con los participantes, no hace de maestro, no dirige ni da ideas de qué o cómo pintar, no enseña técnicas de dibujo ni opina sobre los dibujos. Está ahí para prestar servicio y ayudar en lo que cada uno y cada una necesite: añadir otro lienzo para agrandar el espacio donde se pinta, limpiar una gota de pintura, colocar un escalón para llegar más alto, crear un ambiente cómodo, etc. Jamás emiten un juicio, ni positivo ni negativo, acerca de las producciones de los asistentes porque no van para aprender a pintar sino para jugar y disfrutar.
      A todo esto que ya presenta un lugar bastante especial hay que añadir dos datos importantísimos: durante las sesiones se puede hablar pero nunca de lo que alguien está pintando. Y lo que más choca (de primeras) es que las producciones, las pinturas, nunca salen del taller, son guardadas y nunca serán vistas por nadie fuera del taller para preservarlas de juicios, comentarios y opiniones (sobretodo para que nadie diga "está muy bien" o "es precioso")
    
      Y es que una de las cosas que aprendí es que hace el mismo daño decir sobre cualquier producción que "está muy bien" que decir "que no lo está" porque el juicio influye sobre los demás y coarta la espontaneidad ya que al final (y al principio) acabas pintando para los demás y no dejas que salga tu capacidad creadora porque ésta es inhibida. Es cierto que hay casos en los que esa capacidad es tan incontrolable que sale a pesar de todo y otros casos que han tenido la suerte de rodearse de personas con tanto sentido común que no han hecho los comentarios típicos inhibidores, los comentarios desde el juicio ("Hala, qué bonito" ,"¡Muy bien!", etc..), pero lo que hemos aprendido casi todos y todas es que el refuerzo positivo es siempre imprescindible y que la materialización de dicho refuerzo es el famoso, tantas veces dicho por los adultos y tan deseado (y ya necesitado) por los niños y niñas, "MUY BIEN". Y esto solemos decirlo en muchos otros ámbitos que no tienen que ver con el arte porque normalmente a cada cosa que un niño o niña hace bien o a cada respuesta correcta que da sobre algo, suele haber un adulto o adulta detrás diciendo "muy bien" (y a veces suele estar también aplaudiendo). Pues resulta que NO, que decir eso no refuerza nada y además que no se necesita ese refuerzo (aunque me he encontrado casos en los que cierto refuerzo es necesario para ayudar a alguien a recuperar algo de la poca autoestima que le han dejado). Cuando uno dice "muy bien" al observar una producción artística, está emitiendo un juicio en función de cuál sea su gusto y está influyendo en el artista. Y si dice que no está bien porque no le gusta lo que ha dibujado, también influirá en el artista. Cuando decimos a un niño o niña que algo que ha hecho o dicho está muy bien o es muy bonito, a partir de ese momento, dejará de ser auténtico/a, dejará de ser artista y actuará y pintará para nosotros, no para él o ella; es como si sacrificara su propio disfrute para agradarnos y eso es algo muy serio ¿no? (esto no es nada evidente, claro, si fuera, no lo haríamos pero siempre hay que analizar el mensaje que reciben).
   
     Este taller de pintura es sólo un ejemplo de los talleres que ofrecen desde Educación Creadora. Basándose en los mismos principios, realizan uno de arcilla y otro de danza, siempre sin juicio, haciendo de la actividad un juego.
    Todo esto iba acompañado aquel viernes en que empezamos el curso, de teorías, explicaciones detalladas, fotos y mil preguntas que le hacíamos pero nos quedamos con un par de ideas con las que no estábamos demasiado convencidas.... 
         -  Los dibujos de los niños y niñas no deben exponerse (ni en casa en la nevera, ni en el cole) y olvidad el "muy bien".
         - Pero ¿qué le digo a mi hija cuándo me enseñe ahora un dibujo? y ¿qué hago con los que ya tengo puestos en la nevera?
         - Yo no tengo frases concretas - dijo Josemi - Cuando lo entiendas y te lo creas, sabrás qué decir...

     Al día siguiente nos reímos un montón comentando el shock que había supuesto la charla del día anterior y contando las experiencias en casa:
      - Esta mañana ha venido mi hija de 4 años a enseñarme un dibujo y no he sabido qué decir...  Así que después de mirar al dibujo sin decir nada durante un rato, solo me ha salido decir...¡fíjate!  (otras habían dicho "anda" o asentido simplemente sin saber qué decir).
Josemi en su taller

    Entendí bastante rápido que cuando cuelgas un dibujo ya estás emitiendo un juicio al elegir ése y no todos los demás y también está expuesto a que cualquiera que lo vea lo comente y opine. Esto no es una cuestión de reglas de cómo actuar con la infancia, se trata de entender el por qué hacemos las cosas y qué consecuencias puede tener lo que hacemos pero, mientras se va entendiendo, tal vez se pueden ir descolgando los dibujos para guardarlos en una carpeta y cambiando el "muy bien" por otros comentarios sin juicio o por el silencio. 

  ¿Os habéis preguntado alguna vez por qué vuestros hijos, hijas, alumnos o alumnas os muestran los dibujos? ¿Os habéis parado a pensar alguna vez qué esperan de nosotros cuándo lo hacen? ¿Os habéis parado a pensar cómo es decirle a un niño o niña pequeña que hace un dibujo en el que no se entiende nada, que es muy bonito? ¿Os habéis observado alguna vez desde fuera cuando aplaudís y hacéis gestos exagerados para celebrar lo bonito que es un dibujo o un castillo de arena en la playa o cualquier otra cosa que hace un niño o niña? ¿No creéis que el simple hecho de hacerlo ya es un éxito en sí mismo para el que lo hace y que no necesita ni aplausos, ni palmadita en la espalda, ni celebrarlo? y ¿no pensáis que en el fondo es lo mismo que cuando aprenden a andar, cuando pueden saltar desde una valla muy alta, cuando saben comer solos, cuando aprenden a montar en bici o cuando ya pueden leer? Las consecuencias naturales son tan obvias y tan positivas para quien lo realiza que no necesitan refuerzo externo y sin embargo les decimos "muy bien" hasta cuando bajan un pequeño escalón. (No quiero aleccionar a nadie ni decir cómo hay que actuar, solo quiero compartir las preguntas e inquietudes que a mí se me han ido despertando. Puede que estéis de acuerdo conmigo y puede que no y ahí empieza lo interesante: el debate)
    Creo que son temas a los que hay que prestar mucha atención porque pensamos que realmente los niños y niñas necesitan escuchar eso de los adultos, creemos que necesitan ese refuerzo constante tal vez porque a nosotros nos gusta que otras personas lo hagan y nos aplaudan cuando hacemos algo bien; y el caso es que algunas lo necesitamos porque nos hemos hecho esclavos y esclavas del juicio ya que nos han juzgado a cada paso que hemos dado, han opinado sobre cualquier cosa que hemos hecho y nos han dicho en todo momento lo que teníamos que hacer. Pero si dejamos que cada cual desde el principio encuentre su camino y no reciba demasiados juicios, potenciará su capacidad creadora y se sentirá mejor. 

    Peter y Christel Hartkamp, poco antes de decidirse a montar la escuela, veían que su hija  realizaba unos dibujos que les parecían muy bonitos pero cuando se lo decían a la niña, ésta se ponía a llorar porque no era lo que realmente quería pintar. Ella tenía muy claro qué quería hacer y, al no conseguirlo se frustraba pero ante la reacción de su familia con el "es muy bonito" sentía que no se la tomaba en serio, no estaba siendo escuchada. Y es que, pensando en esto, yo siento que cuando ocurre algo así, el artista, la niña deja de ser la protagonista para pasar a serlo el adulto, que opina y juzga; se crea entonces una relación de poder que puede afectar durante mucho tiempo en muchos ámbitos porque el niño o niña buscará siempre la mirada del adulto que le indique que lo está haciendo "muy bien" y así seguir el camino que el adulto considere correcto. Suerte que esta madre y este padre supieron leer entre líneas en el llanto de su hija y pasaron a preguntarle cómo se sentía, qué le parecía a ella su propia obra y si podían hacer algo para ayudarla. 

    José Miguel nos habló de otras muchas cosas interesantes que me han servido mucho como maestra y como persona. Podéis consultar sus cursos aquí. Entre esas cosas estaba la confirmación de que los asistentes al taller, cuando no reciben juicios ni directrices, descubren la técnica para encontrar un determinado color mezclando otros, realizar perspectiva en la pintura o pintar retratos. Una vez más, esa no es la finalidad pero ocurre (como el aprendizaje en las escuelas Sudbury Valley).

Taller en 5º de Primaria
     Es curioso como una puede aprender tanto sobre algo solo porque alguien ha sabido hacérselo entender ¡Gracias Josemi! El caso es que acabó calando tanto en mí que al lunes siguiente les expliqué a mis alumnas y alumnos lo que había aprendido y les informé de que se acababa el "muy bien" y de que haríamos ese taller en clase (adaptado a nuestros recursos, claro, usando rotuladores en lugar de pinceles y sobre la mesa en lugar de la pared). 
   Lo entendieron muy bien pero costó varias sesiones que se creyeran que podían pintar lo que quisieran, que yo no iba a decir nada y que no hacía de profe sino que garantizaba que estuvieran a gusto. Realizar el taller y entablar una relación de servicio y asistencia mientras pintaban ha sido una de las experiencias más interesantes y bonitas que he hecho en el aula.

       Después me puse en contacto con Karmele Torrontegi, una maestra que había puesto en práctica el taller de pintura y además había organizado su aula de una escuela pública para  que todo el trabajo estuviera basado en los mismos principios: no juicio, hacen lo que quieren, juegan y aprenden, y ella está ahí para servirles. ¡Es tan bonito el trabajo que hizo Karmele! ¡Gracias por compartirlo! 
      Karmele pudo observar cómo, sin obligarles, sus alumnos y alumnas aprendieron todo lo que el curriculum exigía y mucho más (incluyendo la adquisición de la lectoescritura y las matemáticas), disfrutando y sintiendo que todo era como jugar.

      Con José Miguel, entre otras cosas, entendí la importancia de no juzgar las producciones artísticas de los niños y niñas, con Karmele comprobé que es posible aplicar el no juicio en el aula y años después, con mi visita a De Kampanje, he visto que es posible crear ese espacio sin juicio en todo el centro escolar y he entendido por qué los estudiantes ahí se sienten tan bien. Es verdad que en ese juicio de decir a un niño o niña que ha hecho algo "muy bien" no hay mala intención, de hecho suele salirnos con mucho amor pero yo os animo a que os dejéis invadir por esta cuestión y penséis en ello unos días e imaginéis lo que se puede potenciar cuando no les decimos "muy bien" porque entonces, se hacen observadores de ellas y ellos mismos, responsables de sus éxitos y de sus fracasos y actúan y viven para sí, no para nosotros, dejando salir su capacidad creadora (no sólo en lo artístico) en todo lo que hacen. 

      El reto ahora es extenderlo a todo lo que me rodea, respetando a cada cual tal y como es, sin hacer juicios ni decir "muy bien" (lo cual es dificilísimo porque lo hago en muchas conversaciones) y buscando otras formas de expresión sin juicio pues, como dice el proverbio árabe, "si lo que vas a decir no es más bello que el silencio, no lo digas".
                         
                                     Pues a por ello, que seguro que lo hago ¡¡¡MUY BIEN!!!!




    

(1) Arno Stern (2008). Del dibujo infantil a la semiología de la expresión. Ed. Carena Editors

   
   

7 comentarios:

Alejandra dijo...

Hace ya unos años una amiga me regaló una pulserita de tela color violeta y mientras me la ataba con un nudo flojucho me pidió que cada vez que emitiera un juicio de valor me la cambiara de muñeca.
¡La de veces que hice y deshice aquella lazada en media jornada!
Reflexioné, pensé, le di vueltas, me encontré con Jose Miguel Castro y su teoría, leí a Arno Stern...
Pero en esto del "no juicio" hay algo que no encaja; es cierto que juzgamos demasiado (para bien y para mal!), y eso que cuentas en tu artículo sobre los dibujos infantiles es cierto: no debemos crear (sea en el campo que sea), para obtener los parabienes de nadie.
Pero el día que te pintas la pestaña, te pones la falda planchada y te sientes guapiiiiisima ¿no te gusta que alguien te lo diga?. Ya se, ya se que no es necesario. Te sientes guapa y punto.
Pero si alguien te lo dice...tampoco molesta, no?.
Es sólo un ejemplo.
A veces una de mis hijas viene después de un rato trabajando en algo (sea dibujo, artilugio de madera o "burruño" de celo), y desde una satisfacción profunda por su creación, pregunta: ¿Te gusta?
Cualquier respuesta a esa pregunta implica un juicio de valor.
Pero hay que contestar. Y yo creo que mejor con sinceridad.
Y aquí viene lo complejo del tinglado ¿qué no nos gusta de los hijos?; entran las emociones, los sentimientos...
Yo creo que hay que juzgar y valorar lo menos posible y que casi nunca hacen falta eso que llamamos" refuerzos" positivos, pero las paredes de mi casa están llenas de dibujos que han hecho mis hijas, porque ellas han querido colgarlos y (VOY A JUZGAR),no nos parece mal.
Es difícil conseguir el equilibrio en una sociedad que lejos de "perder el juicio", lo afianza cada vez mas.

Carla Martín Serrano de Pablo dijo...

Alejandra, gracias por tu comentario. Estoy totalmente de acuerdo con lo que dices pero creo que cuando tu hija te pregunta que si te gusta, dar tu opinión no es juzgar que su trabajo está muy bien hecho, es expresar que a ti te gusta pero porque ella te lo ha preguntado. De todas formas, yo creo que es difícil llevar esto a términos absolutos. Yo lo explico así porque es cómo sé hacerlo para explicarme bien pero creo que la clave está en intentar entenderlo y en cuestionarse y observarse, analizando un poco las consecuencias que nuestras acciones pueden tener en otras personas (especialmente en tus hijas).
Y no solo me gusta que digan que estoy guapa sino que en ocasiones lo he necesitado (como ya decía, he sido esclava del refuerzo positivo) pero cuando crees que ese refuerzo no es necesario, en lugar de reforzar a tu hija desde fuera, encontrarás la manera de ayudarla a que ella sola se refuerce a sí misma (sin dejar de decirle que está guapa siempre que quieras). No sé dónde está el límite y la sociedad nos confunde pero yo noto que estos pequeños-grandes cambios son muy beneficiosos.
Gracias otra vez.

Alejandra dijo...

Gracias a ti por compartir esta experiencia tan valiente!!!

Carmen Espinosa Ballestero dijo...

En clase los niños de Primaria me preguntan, no ya "¿te gusta?" sino "¿está bien?". A lo que yo contestó " es tu idea, tu dibujo ¿cómo va a estar bien o mal? Simplemente, es tu decisión. Justo lo que te he pedido que hagas: decidir". Me funciona muy bien, cuando se trata de un dibujo, recurrir a la anécdota de Matisse (?) Alguien le dijo "El brazo de esa figura es demasiado largo", y él contestó "Caballero, no es un brazo: es un cuadro". Pinto un jarrón en la pizarra y les digo: "No es un jarrón: es un dibujo". Les encanta la idea y la repiten mucho. Lo he hecho en Infantil 4 años, 4º y 6º de Primaria y siempre ha funcionado. Aparte, este año a los de 6º les hablo del miedo frente a la hoja en blanco. "Os digo que copies algo y ¿qué vais a hacer? ¡Unas pulguitas de dibujos, rodeados de grandes espacios de blanco inmaculado! Atreveos a hacer los dibujos grandes, a llenar la hoja con adornos, detalles, colores”. Poco a poco me los llevo al huerto. Hay que entender que son muchos años interiorizando: "no se te da bien, no sabes, no es lo tuyo" y, como decía el otra día otra profe, con mi mismo desaliento, mucho años oyendo: "¿tú cuando has visto el pelo verde?".
Las niñas/os, si no son desanimadas, usan el dibujo para narrar, con lo que sus ilustraciones, por definición, no pueden estar ni bien ni mal: sencillamente son su historia. Luego, en las evaluaciones, la Plástica se pasa por alto. Y así nos salen los panes como tortas, uno detrás de otro. Más ahora, los iluminados que nos asisten rematando la faena, borrando del currículum todas las asignaturas que forman antes que informan. Lo dejo, que hoy es fiesta y yo sólo lloro entre semana.

Bernardo Mateu dijo...

Ya es difícil leer esto que escribes porque moviliza, es lo que hacemos habitualmente, repetimos como le repite un niño de 6 años a su hermano pequeño como tiene que hacer las cosas y vemos como habla a sus muñecos cuando juega. Repetimos incluso para elaborar constantemente el "daño" que nos hacen, repetimos inconscientemente para hacernos dueños de esa situación de la que nos robaron el protagonismo. Yo también tengo pinturas de mis hijos por las paredes, pillo en mensaje y trato de darme cuenta tras decirlo, de que he dicho muy bien ¡¡ o ¿ y esto que es?...Pero me mojo, peor es que en el colegio donde se pasan tantas horas se hable de consecuencias para no decir castigos, se meta prisa a los niños para acabar las tareas, se les hable de los rápidos y los lentos y se les etiquete así, peor es que el profesorado les muestre como de bien tienen que hacer las cosas, que se les deje sin recreo para acabar tareas o deberes mientras que los obedientes y veloces puedan disfrutar de su "premio"=recreo... Todo esto avalado por la mayoría de los padres de los centros educativos y las direcciones de los mismos que son las que lo fomentan. Los niños no pueden darnos cuenta de lo que les van diciendo, esos discursos que cada persona les va imponiendo...nos queda escucharles y amortiguar esto en casa en la medida que los podamos escuchar y no los avalemos nosotros en casa, si te enteras claro, porque repetimos sin saberlo. Si, mal está decir que bien, peor es decir que mal, comparar y castigar sutilmente o no.

Txoni3 dijo...

Cada vez que recuerdo el primer año de primaria de mi hijo el pequeño se me saltan las lágrimas. Llevó expresión artística todo el curso suspendida y la única razón que me daba su maestra es que mientras no pintase sin salirse no podía"aprobarle"

Laura Peña Molino dijo...

Ya te había escuchado sobre esto... Realmente me resuena muy bien... ¡Hay tanto que aprender! Cuántas veces siento que hay que darle la vuelta a todo completamente. En el aula, me refiero. En la escuela.
Bueno, y en la vida, por qué no.
Seguiré rumiando todo lo que escribes, pero, una de las cosas que siempre he pensado con este tema es (ahí lo dejo, pensando en voz alta) cuando creas algo también te apetece compartirlo con los demás, ¡sólo por compartir! Compartir ese gran momento que has vivido. Es verdad que yo muchas veces he sentido eso, que lo compartía y pensaba, no necesito que me digas ni que te gusta ni que no. Sólo quiero compartirlo contigo, porque crearlo ha sido maravilloso para mí.
O... ya que nos ponemos, "te presento a mi novio, pero no es para que me digas si te gusta o no, no me tienes que decir nada, sólo quiero compartir algo maravilloso para mí"
Al novio, no, jajaja, la experiencia.
Es verdad, que siempre todos hasta nos sentimos obligados a decir si nos gusta algo, alguien, o no. A veces es un apuro.
Por cierto, yo muchas veces cuando me enseñan un dibujo, o las tareas de casa, o lo que sea, digo gracias.
Gracias por compartir Carla y por invitarnos a reflexionar.
¡Seguimos!